Una nota para la memoria

Nos unimos como hinchas para rememorar ese 7 de marzo y recordar, desde distintos ángulos, lo que significó para Racing Club de Avellaneda el apoyo incondicional de sus fieles en uno de los momentos más tristes de su historia. ¿Feliz día? No. Mejor dicho, día para recordar, no olvidar y buscar no repetir.

La frase

Por Mario Ochoa

Corría el 10 de julio de 1998 y Racing tenía una deuda de más de 68 millones de pesos, cuando Daniel Lalín se hizo presente en el Juzgado Civil y Comercial Nº16 de La Plata informando que el club no podía cubrir las cuotas del concurso preventivo. “En Racing no hay plata ni para pagar la luz”, sostenía el ex presidente de la Academia para justificar su accionar.  El lunes 13, el juez Enrique Gorostegui decreta la quiebra dejando a la síndico Liliana Ripoll a cargo de la institución.

A principios de 1999 el déficit seguía aumentando y la situación era insostenible. El 4 de marzo  la Cámara de Apelaciones de La Plata ordena la clausura del club y la liquidación de todos sus bienes. Unos minutos más tarde, la síndico pronunciaría la frase más dolorosa para el pueblo racinguista, la que todavía eriza la piel y genera una lágrima que a fuerza de concentración logramos evitar caer: ¿Repetirla? Es en vano.  

Los fieles de la tribuna

Por Mariano Boccazzi

La tarde del 7 de marzo Racing debería haber jugado la primera fecha del Torneo Clausura, como local para enfrentar a Talleres de Córdoba; sin embargo, el partido no se disputó ya que el juez a cargo de la quiebra del club no lo autorizó. Poco le importó al hincha que el partido no se juegue, ¿o mucho?: Una verdad multitud se hizo presente en el Cilindro para alentar al equipo, más de 30.000 personas colmaron las populares y las plateas del Estadio, en lo que fue el acto de amor más grande de la historia racinguista. Algunos jugadores de aquel plantel estuvieron presentes aquella tarde en Avellaneda, durante un largo rato, la gente alentó, lloró, caminó por la cancha implorando que el club de nuestros amores, el glorioso Racing Club de Avellaneda siga existiendo.

Por sus hinchas, Racing sigue vivo, esa extraordinaria gente que se bancó los peores momentos institucionales luego de una historia de gloria.

¿Qué ocurriría si en la actualidad sucediera lo que en el 99 fue una pesadilla? ¿El hincha se manifestaría de la misma manera? Nadie podría responderlo, pero la tarea es no volver a repetirlo.

 

 

 

Los fieles del escenario verde

Por Federico Cogo

Aquel equipo que debía arrancar el Clausura estaba compuesto por varios  jóvenes salidos de la cantera, con el aporte de algunos experimentados que hacía años la venían peleando en el club, caso Claudio Úbeda,  Sergio Zanetti, Fernando “Teté” Quiróz o Pablo Michelini.

Jugadores como el Gastón Pezzuti, Luciano Castillo, Adrián Bastía  o el “Chanchi” Estévez, convivían desde inferiores con los pesares del club; y ahora, ya en Primera, veían ante sus ojos como Racing se derrumbaba.

El 7 de marzo de 1999, Gustavo Costas –técnico por aquel entonces- encabezó la marcha alrededor del campo de juego. Lo acompañaron Quiroz, Michelini y “Matute” Morales, entre otros jugadores. A cada paso que daban recibían el afecto de los hinchas.  

“Con este apoyo se tiene que reconocer lo que significa Racing para el fútbol argentino, hoy sin jugar trajo mucha más gente que todos los equipos que jugaron hoy”, decía Michelini ante los micrófonos de “T&C Sports”.

Walter “Cubito” Cáceres, uno de los arqueros de aquel equipo junto a Pezzuti y Gastón Sessa, decidió no acompañar a sus compañeros y vivirlo desde la tribuna, como hincha. “Quería estar de este lado, medio camuflado en una platea, emocionado porque no lo podía creer. Hoy a la distancia creo que nos fortaleció”, contaba el ex jugador años después.

Finalmente, el 14 de marzo, Racing fue habilitado para jugar con Central en  Rosario. Una multitud acompañó al equipo. Ese día la Academia perdió, pero el resultado no importó. Racing volvió a jugar y estaba más vivo que nunca.

 

Un relato desde el dolor

Por Ayelén Taverniti

 

“Nunca le pedí nada a nadie, lo único que le pido al barbudo es que Racing siga existiendo y si Racing no existe, para mí va a existir toda mi vida porque yo me voy a morir siendo de Racing”. Frase tan fuerte como cierta, que le eriza la piel a cualquiera. No hay forma de no sentir un escalofrío, no hay forma de que las lágrimas no se asomen, no hay forma de las palabras no golpeen directo en el corazón, no hay forma de abandonar los colores, no hay forma de que un hincha de Racing baje los brazos, no hay forma.

La Academia es así, como muchos lo definen, un club de enfermos que viven, piensan y planifican su vida alrededor de Racing, que dejan todo, que cambian todo, por alentar, por pelear y por defender los colores. El 7 de marzo significó más que “llenar la cancha sin jugar”, significó un grito fuerte, al unísono, una proclamación de cientos de almas que no dejaron morir al verdadero amor, al amor con el que se nace, vive y muere.

El amor para toda la vida existe y quedó demostrado aquellos días de 1999 en los varios testimonios que quedaron grabados en las cámaras de televisión o retinas de los ojo de los presentes. “Si desaparece como club ‘Racing Club’ vamos a ser ‘Club Racing’ y vamos a armar otro club igual que éste”, es otro de los testimonios que se rescatan de aquel día y que dan cuenta de que a la pasión y al sentimiento no lo rompe ningún pedido de quiebra, ninguna faja de clausura, ningún remate de bienes, ninguna prohibición de jugar y que el amor, el amor por los colores venció, vence y vencerá todas las adversidades y piedras que quieran hacer que Racing Club de Avellaneda desaparezca.

 

La pasión desde afuera

Por Facundo Sarabia

 

Los hechos ocurridos entre el 4 y el 7 de marzo, marcaron un antes y un después en la historia de Racing. La gente desplegó todo su amor y dolor al ver que el club de sus amores estaba al borde de la desaparición, situación que sería inimaginable hoy en día. Desde ese entonces al hincha de Racing se lo catalogó como al hincha más fiel, más pasional, cuestión que lo llevó a conseguir uno de los hitos más grandes, ganar un Oscar.

El Secreto De Sus Ojos, la gran película dirigida por Juan José Campanella y protagonizada por Ricardo Darin y Guillermo Francella, fue ganadora del Premio Oscar en 2010 a la mejor película extranjera. La particularidad de este largometraje, y algo que llena el alma de los hinchas, es que durante el film hay muchas escenas en donde se respira el aire académico, sobre todo en una escena en la que Pablo Sandoval (Francella) cuestiona a un hincha:

  • ¿Qué es Racing para usted, escribano?
  • Una pasión, querido
  • ¿Aunque hace 9 años no sale campeón?
  • Una pasión es una pasión.
  • ¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios… pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín; no puede cambiar de pasión.

 

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La Comu de Racing

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